Atrás queda un año repleto de recuerdos y cosas buenas. Sin dejar atrás el final del 2010, con ese cotillón improvisado entre el hotel Inglaterra y Pepe el Muerto... Qué mejor que no caer en esas horteradas que poco o nada me gustan...
Pero volvamos al vista atrás para despedir este 2011 como merece.
2011, el año que comenzó un año más rodeados de amigos y con la ilusión del día de la Cabalgata de Reyes. Ilusión que por años que pasen, nunca se desvanece. Fue un día de estos para recordar que comenzó en la barra de un bar hasta entonces desconocido por muchos y que transcurrió como viene siendo tradición: cabalgata, rosco, tapeo,...
Atrás quedó también febrero con sus vistas al Rocío y sus desfiles de SIMOF. Marzo comenzó con unos días de playa, en la misma Matalascañas que me acoge luego largas temporadas en verano. ¿Qué sería del verano sin Matalascañas, sin su bodeguita, sin su silla azul de playa,...? Pues simplemente no sería verano... o no el mismo verano.
Sin dejar pasar que una de las cosas más importantes de este año ha sido sin duda contar con un nuevo abogado en la familia, hecho que sucedió también a principios de 2011. Aunque ya parezca que hace una eternidad...
Los días de Cuaresma fueron tal y como ocurre cada año. Días de espera, de tardes de paseo, de vivir el centro, de disfrutar descubriendo brotes de azahar en cada naranjo. Domingo de pregón de comida en familia y sol. Sol que luego no lucería los siguientes días. Pero eso ya es otra historia, y este balance es solo de cosas bonitas. Lo malo ya está olvidado.
También fue un año en el que pasamos unos días estupendos de verano en Portugal, quién viviera en un sitio tan espectacular todo el año. Y espero recordar toda la vida la tarde de toros que nos regalaron Morante y Manzanares en el Puerto de Santa María. Un lugar mágico, sin duda.
Y entre esos momentos buenos no me olvido de la quedada con mis Tiesos rocieros en la Palma. Un día para recordar, como tantos otros que me ha proporcionado mi gran familia rociera. Tuve la suerte (gracias, gracias!) de poder hacer el camino desde el mismo jueves, aunque no saliera del Salvador, sino del Polígono Pisa, pero no me puedo quejar. Un camino siempre deja numerosas vivencias. Pero este camino fue el del reencuentro con las aguas del Quema (ay, Jordán rociero), el de la calor de junio, el de afianzar amistades rocieras que no se pueden explicar,... Año rociero que me proporcionó tantas experiencias y emociones como para jurar hace unos días como hermana de la que ya era mi hermandad: Rocío, da igual como te apellides. En todo esto tuvo mucho (o casitodo) que ver el verano de Colonias. No es colonias, es una familia, una experiencia indescriptible. Me llevo muchos, muchísimos amigos, mucha gente grande y, sobretodo, muchos aprendizajes. Aprendí de mi profesión, aprendí a ser persona, a ser mejor con los que más lo necesitan, a saber ser rociera con todos y todos los días del año, a no acostarme ningún día sin acordarme de nuestra Madre del Cielo,... Hasta las horas despiojando son grandes siempre en estas cosas. Me quedo con haber sido útil y haber crecido como persona... aunque fuera lejos de Paymogo (pero insisto, que esto es solo un balance de cosas buenas). Me quedo con un 2011 de nuevos amigos rocieros y muchos momentos que recordar; entre ellos un nuevo 12 de octubre, un nuevo cumpleaños en la Aldea en la que "atrás quedaron los días"... un año más.
Y como nos encanta una flor en la cabeza, no se puede hacer recuento de todo lo bueno sin rememorar la feria. Una feria más. Siempre divertidas, siempre entre amigos, copitas, cantes y bailes.
También ha sido el año de las bodas. Primero "casamos" a Sergio y Ana con lo que vivimos una boda y una pre-boda inolvidable, y calurosa. Puedo decir que eran los primeros amigos que se casaban y que lo vivimos con una ilusión tremenda (a ver si en 2012 nos dan la sorpresilla de un niño, jeje...). Después "casamos" a Maite y a Toño, con una despedida de solteros que no creo que sea fácil de igualar, impresionante. Mereció la pena el viaje y el momento mantilla blanca.
También ha sido un año de retomar viejas amistades (verdad MJ?), de lo que me alegro mucho, mucho. Y de fortalecer amistades en el trabajo, que espero que a pesar de las diferencias de edad, de vida, de circunstancias,... perduren muchos años.
Pero si me quedo con algo de este año ha sido con la sensación de buen tiempo que he tenido. No se si estadísticamente ha llovido menos o qué, pero estar en la playa en febrero y estar incluso bañándome a principios de octubre hace que sonría. Lo siento por el cambio climático y esas cosas, pero a mi el solecito me da la vida. Es coger la A-49, poner un cd de sevillanas en el coche, ir al Club Náutico,... El clima, el sur, nos hace diferentes.
Y bueno, seguro que me olvido de muchas, muchas cosas. Pero ya va siendo hora de cerrar y despedir el 2011. Y aunque para mi esta sea la noche más hortera del año (después de halloween, claro) no puedo dejar de desear que el 2012 sea mucho mejor para todos y que aprendamos a ser seres más felices.
¡Feliz 2012!
