El niño de la Salud se ha "vestío" de monaguillo. Llevaba ya varios días, que en el silencio de la noche y la oscuridad de su parroquia, le pedía a su madre que le bajara de sus brazos y le ayudara a preparar su túnica morada y su roquete con encajes blancos.
El niño anoche, ya estaba impaciente en los brazos de su madre. Desde su capilla, a oscuras, supervisaba cada flor que se ponía en el paso del Tres Caídas de la Costanilla. Quejumbroso, aceptaba con resignación no poder ver como las flores, hacían aún más bella a su virgen de Loreto.
- ¡Madre, calla, que no escucho lo que dicen! ¿Qué flores llevará este año la Virgen? ¡Parece que huelen rosas blancas!
El niño cierra los ojos y con los aromas y sonidos que inundan su capilla a oscuras, puede imaginar lo que ocurre a solo unos metros.
Su madre, callada, suelta lágrimas de nervios y emoción:
- Ojalá no llueva... Qué bello tiene que ser ver alejarse el palio desde la estrechez de Placentines... ¿Le quedará bien el manto a la Virgen?
Esta noche, apenas han podido dormir un rato... ¡hasta las 3 de la mañana estuvieron poniendo flores! Y todo ello "aliñao" con la desesperanza de no tener una madrugá por lluvia. Por eso, llevan los dos toda la mañanaentre el trajín de la gente, esperando a esta tarde, cuando un "clarito" que ya se asoma por Chucena, deje salir a la calle a su madre de Loreto.
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