domingo 3 de abril de 2011

Olor a cera fundida


A horas inusuales para que una iglesia esté abierta, el cerrojo de la Alta Costanilla no está echado. Pocos lo saben.
Sevillanos y forasteros degustan pizzas y refrescos en la plaza ajenos a lo que la luz esconde tras la ventana. Dentro, como en muchas otras iglesias de Sevilla, crece un paso de palio. ¿Qué mejor pregón que nos anuncie la llegada de una nueva Semana Santa?
Los priostes, que ellos me perdonen, son solo un trámite, un nombre en una lista de junta, que se llevarán el aluvión de críticas y de palmaditas en la espalda. Pero ellos, sin “su cuadrilla” no son nadie, no pueden hacer nada. Muchas voces hacen falta para indicar la posición correcta: “más para la Alfalfa”, “para campanas”, “un pelín para Altar Mayor”, “a la puerta”,... y hasta la vecina Hermandad de la Salud nos sirve para indicar.
Antes, hacen falta muchos pares de manos para que el palio llegue a ser palio partiendo de una ruda parihuela; sobre la que ya vemos bambalinas, techo palio, varales y candelabros. Reflejos de “casa dorada” que chocan con escaleras, decapadores, calentadores, cuchillos,... y otros materiales de faena que guardan recuerdos de muchas “Semanas Santas” pasadas.
Fundir una candelería no es un trabajo, no es una tarea, es un arte. Me considero una auténtica analfabeta en la materia, pero por ello no deja de emocionarme, sobretodo, el saber que las ilusiones, los rezos, las miradas,... y como no, las críticas, de muchas personas, irán directamente hacia ellas.
Las ceras que nuestras inocentes manos pelan y colocan, lo más derechas posibles, son luces de la fe, de quien la tenga, o iluminación barroca de obras de arte que recorren nuestras calles. Las tandas de la candelería van creciendo a medida que avanza la noche. Tan solo, una pequeña parada para un tentempié, permite la tertulia amena de los que allí están. Nunca falta la camaradería, pero el buen humor, a veces, se ve enturbiado por la tensión y la dificultad de lo que están haciendo. Ya en la plaza, no quedan pizzas, ni turistas, ni veladores,... tan solo algún trasnochador sevillano que coincide con los camiones de basura.
Llegado una hora el sueño y el cansancio impedirán poner una vela recta. Está claro, es tiempo de retirarse a casa. Todavía quedan días para seguir.
Tras la cera ya quedarán pocos complementos que acompañen a la Virgen. Pero antes, habrá que cortar y retirar esas sábanas que han salvaguardado la candelería durante estos trabajos. Sábanas del Virgen Macarena que despiertan en mí muchos recuerdos. Me acuerdo de los que no están. De los que se quedaron en esas sábanas sin poder decirles adiós. De los enfermos que este año no verán ni un paso en la calle. Y de los niños que no pueden jugar ni ir al colegio.
El fundido de la cera nos anuncia lo que ya inevitablemente se nos viene encima: a la Gloria sevillanos, que ya es Semana Santa.

1 comentarios:

Enrique Henares dijo...

Bonita entrada. Todo sevillano de bien debería fundir alguna vez la cera de un paso de palio. Ese en concreto del que hablas lo he visto montar muchas veces y por ello le tengo un gran cariño.

Eso sí, el detalle de las sábanas es guasa tela; ya podían haber puesto papel, como toda la vida.

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