El palio, avanza lentamente por la calle a los sones de la música.
Su mirada se dirige hacia arriba cuando, para el paso, y se oye la voz del capataz: "pararse ahí... ¡Ahí quedó!".
Los balcones están casi todos cerrados. Muy pocos engalanados. Y solo algunos, acogen a varias familias, expectantes por ver su cara.
El capataz mira a alguien especial, se acuerda de los amigos, de los ancianos y de los enfermos.
Hace brotar las emociones. Y con una nueva levantá vuelve otra vez a avanzar.
Poco a poco va alejándose en una nueva chicotá, mientras, desde los pocos balcones llenos de gente, todas las miradas siguen fijas en Ella.
Y así, es como cada año se obra el milagro de acercar a los ancianos, enfermos e impedidos un poquito de nuestra Semana Santa y una gran dosis de Consuelo.
A los buenos capataces de Sevilla
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