Todo es relativo.
Esta tarde estaba "medio riñendo" a un niño de 4 años. El niño es pequeño, morenito y charlatán. Este año ha llegado nuevo y no era capaz de hacer una pequeña manualidad, un barquito de papel. En ese momento no pensé: pobrecito, es un niño poco mañoso. Sino que llevada por mi pésimo ánimo hoy y por el estrés que suponen 25 niños y 25 intentos de barquito de papel simultáneamente, simplemente le espeté: "quieres ponerte ya a hacerlo bien, que te está quedando fatal".
Inmediatamente el pequeño alumno, poco acostumbrado a reproches, comenzó a hacerse pipí encima. Salió corriendo hacia ninguna parte, para intentar disimular lo inevitable. Pero ya no había nada que hacer.
Llevaba parte de la tarde pensando en el pobre niño y, en consecuencia, en nuestros miedos.
El miedo, como todo, es relativo.
A mi no me daría miedo una maestra riñona en una clase de manualidades. Pero probablemente con 4 años, algo de susto si que me daría.
Y es que un segundo no es nada para nosotros, pero si lo es para un pequeño mosquito con esperanza de vida de horas.
Una hora en el cine se pasa volando, pero es una eternidad para un padre mientras operan a su hija.
Tres meses no son nada, pero son una eternidad de verano para los pequeños.
Nueve meses pueden ser insignificantes en una vida, pero una vida se gesta en nueve meses.
...
Cuatro años puede parecer que no son nada. Pero para mí, como para mi pequeño alumno, cuatro años son una eternidad.
Hoy recuerdo, con algo de atraso, que cumplo cuatro años como maestra, cinco desde que me diplomé. Cinco años y tantas cosas. Las mismas cosas que miedos. Porque todo es relativo.
Esta tarde estaba "medio riñendo" a un niño de 4 años. El niño es pequeño, morenito y charlatán. Este año ha llegado nuevo y no era capaz de hacer una pequeña manualidad, un barquito de papel. En ese momento no pensé: pobrecito, es un niño poco mañoso. Sino que llevada por mi pésimo ánimo hoy y por el estrés que suponen 25 niños y 25 intentos de barquito de papel simultáneamente, simplemente le espeté: "quieres ponerte ya a hacerlo bien, que te está quedando fatal".
Inmediatamente el pequeño alumno, poco acostumbrado a reproches, comenzó a hacerse pipí encima. Salió corriendo hacia ninguna parte, para intentar disimular lo inevitable. Pero ya no había nada que hacer.
Llevaba parte de la tarde pensando en el pobre niño y, en consecuencia, en nuestros miedos.
El miedo, como todo, es relativo.
A mi no me daría miedo una maestra riñona en una clase de manualidades. Pero probablemente con 4 años, algo de susto si que me daría.
Y es que un segundo no es nada para nosotros, pero si lo es para un pequeño mosquito con esperanza de vida de horas.
Una hora en el cine se pasa volando, pero es una eternidad para un padre mientras operan a su hija.
Tres meses no son nada, pero son una eternidad de verano para los pequeños.
Nueve meses pueden ser insignificantes en una vida, pero una vida se gesta en nueve meses.
...
Cuatro años puede parecer que no son nada. Pero para mí, como para mi pequeño alumno, cuatro años son una eternidad.
Hoy recuerdo, con algo de atraso, que cumplo cuatro años como maestra, cinco desde que me diplomé. Cinco años y tantas cosas. Las mismas cosas que miedos. Porque todo es relativo.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada