Y llegó julio caluroso.
Y nos acercamos peligrosamente al día señalado en el calendario desde hace meses.
La eterna pregunta ¿qué meter en la maleta?
Los tradicionales nervios esperando ver esas caritas sonrientes.
La incondicional incertidumbre ¿todo irá bien?
El miedo que se repite cada año (y ya ha vuelto).
Se aproximan días de diversión, besos, abrazos, disfraces, sueño, cansancio, risas, aventuras, compañerismo, paz interior, reflexión,... Aunque si una palabra puede definir bien todo esto, esa es "LOCURA" y, desde otra perspectiva "ADMIRACIÓN", porque no parece fácil renunciar a 10 días de vacaciones, salidas, playas, trabajo, amigos,... para dar vacaciones a 50 enanos con millones de problemas... pero al final todo viene sobre ruedas, y el FÁCIL sustituye al DIFÍCIL.
Y todo cueste lo que cueste y le pese a quien le pese. Porque esto no es una elección personal; es un don, un privilegio que se cruza en tu camino y aceptas. No todo el mundo tiene la suerte de vivirlo.
Es muy simple... es dar 10 días de tus vacaciones a los que no podrían de otra forma tenerlas. Es hacer "una pará en el camino" egoísta de tu vida, donde tienes de todo (y más), para dar un pellizquito de lo que te sobra: tu tiempo libre.
Dispuesta a emprender el reto un año más, y sabiendo que el amor son solo dos horas de coche, una maleta de ilusiones y ganas de entregar toda tu energía a los demás.
Desde el sábado... (probablemente) MI ÚLTIMO CAMPAMENTO.
¡Hasta la vuelta!

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